sábado, 26 de marzo de 2016

CORAZONES DISTANCIADOS


¡¡¡ Buenas tardes !!! 

Hoy quiero compartir con vosotros el relato "Corazones distanciados", con el que participé hace algo más de un año en la Antología "El trabajo de Cupido", junto a mi "Club de las desconocidas".
Para aquellas personas que aún no lo han leído y para aquellas a las que les apetezca volver a leerlo, aquí os dejo con Ivonne y Manu, los protagonistas de esta mini-historia. 

 ESPERO QUE OS GUSTE.

CORAZONES DISTANCIADOS

El tiempo es oro cuando tu pasado, presente y futuro están en juego y, sobre todo, cuando lo más importante de tu vida amenaza con desquebrajarse. 

Hoy, trece de febrero, hace algo más de un año que las circunstancias me echaron de mi país, obligándome a viajar muy lejos de mi hogar en busca de un trabajo para labrarme un futuro mejor. Con esta decisión dejé atrás a todas las personas más importantes de mi vida, incluido a ella. Yo tenía un billete de ida pero me faltaba el de vuelta, pues no sabía el tiempo que permanecería lejos de mi gente. 

Ivonne, mi novia desde hacía seis años y la persona más especial que la distancia apartó físicamente de mi camino, el día que me fui, prometió esperarme todo el tiempo que fuera necesario y yo le juré y perjuré que volvería a por ella muy pronto. Hasta ayer no había podido cumplírselo, pero algo sucedió y aquí estoy, sentado en un avión, con todos mis ahorros gastados y viajando en busca de mi última oportunidad de recuperar la felicidad.

La impotencia y la necesidad de hacer todo lo que esté en mis manos se apoderaron de mí en el mismo momento que recibí la llamada que cambiaría mi vida y me hizo tomar la decisión más importante hasta el momento, interponiendo el corazón a la razón.

Las palabras de Ivonne retumban en mi cabeza una y otra vez convirtiéndose en la peor de las torturas:“La distancia ha ganado la batalla Manu, ha conseguido separarnos para siempre”. Durante varios minutos intenté convencerla para que siguiera esperándome, pero fue inútil, ella ya tenía la decisión tomada y nadie la haría cambiar de opinión. 

En ese instante, mi mundo se vino abajo. Ella lo era todo para mí y mis peores pesadillas se estaban cumpliendo. Mis compañeros de trabajo me lo habían advertido en muchas ocasiones pero yo nunca los escuché. Estaba convencido que nuestro amor era tan fuerte que todo lo superaría. <<¡Qué equivocado estaba!>>

Durante horas estuve recluido en la habitación que tenía alquilada cerca de los invernaderos en los que trabajo, recordando una y otra vez la conversación más dolorosa, maldiciéndome por no poder hacer nada para convencer a Ivonne. Mis amigos, que se empeñaban en liberarme de mi encerramiento cada vez que se les presentaba la oportunidad, intentaban persuadirme de que lo mejor era olvidarme de ella. Pero siempre ha sido fácil dar consejos, lo difícil es ponerlos en práctica y en este caso, a mí me tocaba llevar a cabo la peor parte. 

“Ella ya no te quiere”, “seguro que te ha cambiado por otro”, “tío, no seas tonto y salgamos a divertirnos, esa mujer no vale la pena.”

—¡Dejadme en paz! —les grité a mis amigos totalmente enloquecido.

Y era así como me sentía, loco por estar tan lejos de ella, sin saber qué hacer ni qué pensar y siendo consciente de que mi tortura comenzaba en ese mismo momento.

* * *

A las ocho de la mañana, después de varias horas de viaje y de haber pasado por mi piso para asearme y comer algo, decido ir a casa de Ivonne. Seguramente todos están durmiendo, pero no puedo esperar más tiempo, cada minuto que pasa juega en mi contra.

Su padre, totalmente despeinado y con cara de haber visto el mayor de los milagros, me recibe con un fuerte abrazo, asegurándome que se alegra mucho de verme. Sin embargo, no presto atención a lo que me dice. Mi único deseo ahora mismo es ver a su hija, que sea ella la que me abrace y me bese, que me confirme que todo lo que me dijo ayer fue por culpa de un momento de debilidad y que me ama tanto como yo a ella. Con voz temblorosa consigo preguntarle por Ivonne y no hace falta que me conteste, la dueña de mi corazón aparece detrás de él, sin saber que soy yo la persona que está al otro lado de la puerta. 

Mi corazón se acelera en el mismo momento que mis ojos color miel se clavan en los suyos. La observo con adoración y sé que la amo más que a mi propia vida. Es la mujer más hermosa del mundo incluso despeinada, con todos sus rizos totalmente enredados y sus preciosos ojos marrones camuflados en unas marcadas ojeras. 

—¿Qué… qué haces aquí? —consigue preguntarme con su dulce voz. 

Quiero acercarme a ella, besarla y estrecharla entre mis brazos, protegerla y que, juntos, despertemos de esta pesadilla de una vez. Sin embargo, ella intuye mis deseos y retrocede, alejándose unos pasos de mí.

—Estás preciosa —le digo. 

Ella niega y se recoloca sus rizos.

—¿Has viajado desde tan lejos hoy? —Asiento nervioso—. ¿Por qué?

—Por ti, por mí, por nosotros.

—No deberías estar aquí.

—Necesitaba convencerte de que te amo y que tú eres lo más importante para mí. —Veo cómo las lágrimas empiezan a descender por las pálidas mejillas de Ivonne y me acerco un poco a ella, alargo mis manos y, usando mis pulgares como el mejor de los pañuelos, seco su rostro con delicadeza—. Una vez te dije que volvería a por ti y ahora sé que debía haberlo hecho antes. —Uno mi cabeza a la suya y cuando voy a besarla, ella comienza a hablar.

—Ya es demasiado tarde —me susurra con los ojos cerrados—. No hay nada que podamos hacer, nuestro amor ha muerto.

—El mío está más vivo que nunca y lo traigo totalmente reforzado. Te quiero a mi lado y sé que en el fondo de tu corazón sientes lo mismo que yo. Si me das otra oportunidad podrías venir conmigo. Ahora tengo trabajo, gano lo suficiente para poder vivir los dos y así estaremos de nuevo juntos.

—Manu, mi lugar es este.

—Entonces mañana mismo llamo a mi jefe para informarle que dejo el trabajo y me quedo aquí contigo. 

—Tú tienes tu vida allí.

—Te equivocas mi amor, mi vida está donde estés tú. 

Ivonne retrocede unos pasos y se gira para no mirarme a los ojos. Durante unos segundos estamos en silencio y cuando siente mis manos sobre su cintura, decide ponerle fin a nuestra conversación.

—Manu, será mejor que te vayas. No debías haber venido, yo… —se aclara la voz—, yo ya no te amo.

Sus palabras se clavan como puñales en mi corazón e intento asimilar lo que acabo de escuchar. En este momento me siento el más estúpido de todos pero el miedo a perderla me hace insistir una vez más. Ella se gira, me mira a los ojos y vuelve a repetirme que nuestra relación se ha terminado. Totalmente derrotado, la miro por última vez con lágrimas en los ojos. Veo que en los suyos también hay dolor pero no voy a insistir más, no quiero dar lástima.

—Yo sí te amo y más que a mi propia vida, pero si tú ya no sientes nada por mí, sólo me queda marcharme de aquí y desearte lo mejor.

Me giro, me dirijo hacia mi coche, lo arranco y desaparezco sin saber muy bien a dónde ir. Necesito estar solo y pensar. Inconscientemente llego al lugar donde Ivonne y yo nos hicimos novios, detengo mi coche y maldigo a voces.

<<Cupido, tú que tanto presumes de unir corazones, ¿dónde cojones estás cuando más te necesitamos?>> Agacho la cabeza mientras intento controlar mis lágrimas. 

—Pues aquí mismo estoy. —Una voz a mi lado me hace pegar un grito sobresaltado. 

Estoy a punto de propinarle un puñetazo cuando éste desaparece y de repente vuelvo a escuchar su voz chillona en los asientos traseros.

—Ni lo intentes Manuel, soy más rápido que tú.

—¿Quién eres? —Me giro hacia atrás para mirarlo y ante mi cara de asombro, el hombrecito del flequillo remilgado vuelve a desaparecer.

—Soy Nanael, —me dice el personajillo, ahora sentado en el respiradero del coche—. ¿No sabes quién soy? 

Niego, creo que me he dormido y estoy soñando, lo que están viendo mis ojos no puede ser cierto. Nanael pega un salto, se pone de pie en el asiento del copiloto y se señala el pañal que lleva puesto en el culo y después las alas de su espalda. 

—Piensa Manu, ¿quién soy? —Me apunta con un arco y unas cursis flechas con la punta en forma de corazón—. Eres un poco torpe. —Lo escucho resoplar resignado.

Aquella declaración me molesta. Estoy pensando que se parece a “Cupido” pero eso es imposible, sólo existe en los dibujos animados que mira mi sobrina de tres años. 

—Soy un cupido, vengo a ayudarte a que Ivonne recapacite y vuelva a darte una oportunidad. 

Lo miro atónito, pero tengo tantas ganas de que eso suceda que lo dejo hablar.

—Pero para ello, debes marcharte de nuevo a tu lugar de trabajo. Esta tarde sacarás tu billete de avión y te marcharás.

—¿Cómo dices? —pregunto enfadado—. ¡Así jamás podré recuperarla! ¿Eres el cupido que une corazones o el que los separa para siempre?

—Me han asignado una misión para este San Valentín y esa es la de unir a dos corazones distanciados. Creo que el de Ivonne y el tuyohan estado así bastante tiempo, ¿me equivoco? 

Niego con tristeza, han estado separados demasiado tiempo

—No digas nada y confía en mí. Si me haces caso, esta misma noche Ivonne y tú volveréis a estar juntos.

Y sin decir nada más, el cupido desaparece. Yo espero ansioso a que vuelva a aparecer durante unos minutos, pero esta vez lo no hace. Lo llamo a voces enfadado, necesito hablar con él y que me aclare todo mejor, pero no hay rastro del pequeño hombre por ningún sitio.

<<¿Cómo voy a irme? No puedo hacerle caso a ese ser, perdería a Ivonne para siempre. Definitivamente esto no me ha pasado a mí, acabo de sufrir una alucinación.>> Intento convencerme, arranco mi coche y me voy de aquel lugar que tan gratos recuerdos me trae.

* * *

Pasajeros del vuelo ES7568 con destino a París, va a comenzar su embarque por la puerta número dieciséis.

Mi corazón se agita desilusionado al escuchar mi vuelo anunciado por megafonía. No sé cómo ni por qué, pero finalmente he decidido hacerle caso al cupido y he comprado mi billete de vuelta, aunque ahora sé que ha sido el peor de mis errores. Llevo más de dos horas esperando a que aparezca Ivonne tal y como me había dicho Nanael. Sin embargo, el mayor de mis deseos no se ha cumplido. Resignado, me levanto de mi asiento y me dirijo hacia la puerta dieciséis. Justo cuando voy a cruzar el umbral, doy un último vistazo al aeropuerto y una punzada de dolor aparece en mi estómago. 

Mi asiento está al lado de la ventana y lo agradezco, así podré ocultar mi tristeza mirando a través de ella. Hago un rápido resumen de todos los momentos vividos con la mujer de mi vida y las lágrimas se vuelven incontrolables y el dolor de mi pecho insoportable. Voy a buscar un pañuelo en mi chaqueta, pero la persona que está a mi lado sentada me ofrece uno. Yo voy a agradecerlo y cuando poso mis ojos en ella, mi corazón se detiene, mi boca se seca y mis manos empiezan a sudar nerviosas. 

Sentada a mi lado está ella, Ivonne, la mujer de la que estoy enamorado y que hace unas horas había acabado con todas mis ilusiones. Tengo que cerrar y volver a abrir los ojos para asegurarme de que no se trata de un sueño. Ivonne dibuja una amplia sonrisa en su angelical rostro y eso me desconcierta aún más. Ella debe darse cuenta de mi confusión y rompe el silencio.

—Manu, quiero pedirte perdón por todo el daño que te he hecho en las últimas horas. 

—¿Qué… qué haces aquí? —tartamudeo nervioso. 

—Tú viajaste anoche desde París sólo para demostrarme lo importante que soy para ti y ahora me toca a mí. He sido una tonta y ahora que he estado a punto de perderte, es cuando me he dado cuenta que sigo amándote como el primer día. 

Yo voy a decir algo pero ella me silencia posando sus dedos en mis labios.

—Te he necesito muchas veces, me he sentido sola y desprotegida cada día, he deseado despertar a tu lado y ver tu sonrisa todas las mañanas y me he desesperado mucho, demasiado, por estar alejada de ti. Quería dejar de sufrir y pensé que dejándote conseguiría aliviar el dolor que causa tu ausencia. Pero cuando te vi marcharte de mi casa, te llevaste mi mundo contigo, mi corazón se rompió en mil pedazos y fui consciente de que sólo volvería a latir si volvía a estar junto a ti. Te amo Manu, más que a nadie en este mundo y espero que puedas perdonarme todo el daño que te he causado en las últimas horas.

Atónito y sin saber qué decir después de la declaración tan bonita de la mujer que amo, desvío mi cabeza, y en el apoyabrazos del asiento de al lado, veo a Nanael, sonriéndome y apuntándonos con una de sus cursis flechas. Articulo un “te debo una” y éste me guiña un ojo y desaparece. Lo busco por todo el avión, pero hay ni rastro de él. Seguramente ha cumplido su misión y ya no hace falta que siga presente. Totalmente emocionado e ilusionado, vuelvo a prestarle atención a Ivonne.

—Eres lo más importante para mi cariño, y te perdonaría mil veces con tal de estar a tu lado.

No quiero decirle nada más, las palabras sobran cuando hay tanto sentimiento. Uno mis labios a los de mi amor y la beso con ternura, con anhelo y con amor. Disfruto de su sabor que desde hace seis años es mi favorito y me niego a volver a separarme de ella nunca más.

Cuando me separo, agarro su mano y me levanto invitándola a que ella haga lo mismo. Sin embargo, Ivonne no quiere seguirme y yo la miro desilusionado.

—Cariño, esta vez soy yo la que viajo contigo. Vamos a París, la ciudad del amor, para construir nuestro futuro juntos, sin obstáculos ni distancia que nos separe. 

Ahora es ella quien me besa y ambos sabemos que nuestro amor es tan fuerte, que aunque nos pongan mil obstáculos, conseguiremos superarlos todos con éxito. 


¿Qué os ha parecido? 

¿Creéis en la magia de Cupido? 

¿Alguna vez has tenido que salvar una relación 
marcada por la distancia?

Quiero saber tu opinión...




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