viernes, 24 de abril de 2015

MI BELLO DURMIENTE


PARTE 1 

¡Hoy hace un mes!  
Un largo mes desde que cerraste tus ojos, privándome de la intensidad de tus castaños ojos y despojándome de la única mirada que ha conseguido hacerme vibrar. Un horrible mes desde que tus labios quedaron sellados, enmudeciendo a la dulce voz que tanto necesito volver a escuchar e impidiéndome disfrutar de la mágica risa que cada día llenaba mi corazón.  
Treinta días de pesadilla en los que no he parado de maldecir aquella fatídica noche en la que nuestras vidas cambiaron, haciendo que la cruel desilusión vaya ganando la batalla contra la frágil esperanza. Pero todo en esta vida no es como empieza, más bien es como acaba y no importa quien gane una batalla cuando el único vencedor será quien consiga la victoria en la guerra. 
No hay día en el que no me sienta culpable del accidente que te tiene postrado a esta puta cama de hospital. Yo te pedí viajar, montarnos en ese coche que nos llevó hacia un camino sin retroceso, una meta a la que nadie quiere llegar, una desgracia compartida... 
¡Maldita la hora en que decidiste complacer todos mis caprichos! Daría mi vida entera por estar en tu lugar. Por impedir tu desvanecimiento. Por ser yo la que permaneciera muerta en vida. 
Pero después de un mes sin poder disfrutarte, luchando contra todo pronóstico y enfrentándome a quien sea por ti, es hora de volver a retomar nuestra vida pasada. No sirve de nada lamentarse, cuando el mal ya está hecho. Es mejor no mirar atrás, porque estamos perdiéndonos las hermosas vistas que tenemos de frente. Aunque caigamos mil veces, hay que aprender a levantarse mil y una.  
Tú, con tu lucha constante por seguir viviendo, me has enseñado muchas más cosas que la vida misma en mis treinta años y faltarán días de mi existencia para agradecerte todo lo que has hecho por mí. Despierto o durmiendo. Viviendo o soñando. Naciendo o muriendo. 
Hoy, después de treinta días de angustia, he tomado una decisión. Porque te necesito como al aire que respiro. Porque me haces tanta falta como los latidos a mi frágil corazón. Porque me urge volver a sentirte mío. Entera y solamente mío.  
Y aquí estoy, mi amor, anhelándote, extrañándote y necesitándote con la misma intensidad que el primer día que te conocí. Porque deseo fundirme en ti como las olas al mar, como las estrellas al firmamento y como los planetas a su órbita. Porque te amo y no hay fuerza en el mundo que pueda detener lo que siento por ti. 
Porque si tú no te unes a mí, yo lo haré a ti, mi bello durmiente... 

PARTE 2 
Hoy he pedido a todos los médicos y enfermeros del hospital unas horas a solas contigo, sin interrupciones. Una tregua en esta lucha constante, para llevar a cabo lo último que me queda por hacer. Por ti, por mí, por nosotros. Después de esto solo me quedará seguir rogando para que vuelvas a abrir tus preciosos ojos algún día. 
Me he puesto el picardías rojo con encaje negro que tanto te gusta y he comprado una liga negra que he colocado sobre mi muslo derecho, justo en el lugar donde empieza mi fruto prohibido. Censurado para todos, menos para ti. Es tuyo, siempre lo ha sido y eso nunca va a cambiar. Pase lo que pase. 
Acerco mis labios a los tuyos y te beso con desesperación. Incito a tu boca para que me acepte y abro tus labios con mi sedosa lengua. Vuelvo a deleitarme con tu dulce sabor y exploro cada rincón de tu boca, recordando todas las veces que me he perdido en ella. ¡Y por fin sucede! Nuestras lenguas se abrazan y se miman con ansia y amor. Si tenía alguna duda de lo que estoy a punto de hacer, se acaba de disipar por completo. Te deseo y quiero volver a sentirme completada por ti. 
A horcajadas me coloco sobre ti y con delicadeza te quito el frio pijama de hospital, besando cada centímetro de tu cuerpo que va quedando desnudo. Justo así te necesito. Exactamente cómo te quiero en este momento. 
Paseo las yemas de mis dedos por tu cuello y noto como tu piel se eriza a mi tacto. Una sonrisa se adueña de mi cara y las ganas de poseerte se apoderan de mí.  
Desciendo mis caricias hasta tus pectorales y me entretengo trazando pequeños círculos sobre tus marrones pezones que responden a mis dedos, pidiéndome más. Mucho más.  
¡Tranquilo porque esto no ha hecho nada más que empezar! te digo poseída por la lujuria. 
Poso mis labios sobre tu cuello y con la punta de mi juguetona lengua, bajo suavemente hasta tus pezones. Los succiono y mordisqueo con pasión y un relámpago de placer usurpa la parte baja de mi estómago, como si las caricias las estuviera recibiendo yo en mi propio cuerpo.  
Me deleito con el salado sabor de tu cuerpo que ha comenzado a sudar levemente. El calor se adueña de tu cuerpo y el mío esta hirviendo en este momento. Enloquecida, me desnudo lentamente, quitándome la ropa con una sensualidad digna de una musa. Tienes los ojos cerrados, pero sé que me estás viendo. Me estas sintiendo con el corazón y eso es más que suficiente. 
Cierro los ojos yo también e imagino sus fuertes manos recorriendo mi cuerpo con posesión, marcando el territorio con tu exquisita lengua. Te entretienes en mi depilado monte de Venus, trazando círculos con tu lengua en mi hinchado clítoris para segundos después, introducir uno de tus dedos en mi vagina.  
Mientras sueño con los ojos cerrados y voy detallándote cada una de mis fantasías, pego el interior de mis muslos a tu entrepierna y lo que descubro me hace abrir los ojos sorprendida.  
¡Tu pene está empezando a alzarse provocativamente! La esperanza vuelve a invadirme y el deseo y la excitación se hacen más notables. Agarro tu verga con fuerza y deslizo mis manos a lo largo de su longitud, de abajo hacia arriba y de arriba abajo. Con la mano que me queda libre, presiono el botón de mi vagina reiteradas veces hasta que la humedad se vuelve insoportable. Siento que voy a explotar en cualquier momento pero no quiero hacerlo sola. Necesito que los dos estallemos a la vez en un orgasmo que nos llene de ilusión. 
¡Estás excitado! Lo noto en tu virilidad que se muestra altiva ante mí. Estas preparado y yo también. Por lo tanto, ¡no vamos a esperar más! 
Alzo mis caderas, me coloco sobre ti y poco a poco, me siento nuevamente. Noto como mi vagina se adapta a ti y te abraza palpitante, mis paredes interiores laten con fuerza, atrapándote como hace días que llevo necesitando. Me hundo en ti una, dos, tres y hasta infinitas veces, sintiendo como el fuego nace dentro de . ¡Me abraso!  
Mi corazón se acelera y mi respiración se vuelve jadeante. Los gemidos amenazan con escaparse de mi boca y los ahogo con un tórrido beso a tus labios, algo que me activa mucho más. Muevo mis caderas enérgicamente mientras busco nuestro placer, el éxtasis está a punto de invadir nuestros cuerpos. Noto como tu pene se agranda aún más en mi interior, invadiendo partes que yo creía imposibles de completar. Tu respiración agitada se hace notable por primera vez en este mes y tu pecho sube y baja con energía, con elegancia, con vitalidad. 
Tus músculos se tensan bajo mi cuerpo y la sangre se agolpa en mi cabeza, haciéndome perder el control. Cuando siento tu líquido caliente invadiendo mi interior, chocando contra todo lo que encuentra a su paso, mi felicidad se hace eterna. Y con las últimas fuerzas que me quedan, consigo que me invada un desolador orgasmo que me deja traspuesta. 
Caigo sobre tu pecho, exhausta, sintiendo tus latidos en mi mejilla e intentando regular mi respiración. 
Mis lágrimas mojan tu torso desnudo. No sé si es de felicidad por comprobar que aún sientes, de anhelo por necesitarte a mi lado o de rabia por todas las veces que me han dicho que no sobrevivirías. 
Lo único que sé es que, después de este maldito mes, hemos vuelto a ser uno. Solos tú y yo, mi bello durmiente...
PARTE 3 
¡Piiiipiiii! Un molesto ruido me hace despertar de mi magnífico sueño en el que tú y yo éramos los protagonistas indiscutibles. Me he quedado dormida, acurrucada entre tus brazos, disfrutando de la calidez de tu cuerpo, aspirando tu aroma y deleitándome con la suavidad de tu piel. 
¡Piiiipiiiipiiii! La máquina que marca los latidos de tu corazón suena con más intensidad de la habitual y noto como tu cuerpo empieza a convulsionar. El pánico se apodera de mi cuerpo y vuelvo a sentirme como la única culpable de nuestra desgracia. Temo que algo pueda pasarte. Me aterroriza pensar que puedas llegar a abandonarme. Ahora me arrepiento de todo lo que acaba de pasar entre nosotros. Si algo te llega a pasar yo seré la única responsable. 
¡Piiiipiiiipiiii! 
Desesperada abro la puerta y gritó en el pasillo para que tu enfermera venga a ayudarte. Necesitas seguir viviendo. Te agarro la mano con fuerza, pidiéndote perdón por mi imprudencia y rogándote que no me abandones, porque sin ti, estaré perdida. 
La enfermera auxiliar entra apresurada seguida por el doctor. Me obliga a dejarte, a salir de la habitación que ha sido nuestro hogar durante el último mes. Nerviosa camino por el pasillo de la sala de espera, implorando a todos los dioses habidos y por haber que no te aparten de mi vida. Los minutos pasan demasiado lentos e incluso llego a pensar que el tiempo se ha detenido como el más cruel de mis castigos. Tengo miedo, mucho miedo, en cambio necesito saber qué está pasando en el interior de tu habitación.  
Dicen que la falta de noticias es buena noticia, me dice una señora que también se encuentra en la sala. Yo sonrío agriamente. 
Y entonces, el momento que hizo que el mundo se detuviera para nosotros, invade mi mente. Aquel fatídico sábado en el que te pedí que saliéramos a cenar. A ti no te apetecía pero te insistí tantas veces que no pudiste negarte. ¡Siempre te ha encantado complacerme en todo! Una lágrima escapa de mis ojos y mi piel se eriza al instante, recordando el momento en el que tus ojos dejaron de guiar mi vida. Un choque frontal contra otro coche que circulaba a más de la velocidad permitida nos hizo dar varias vueltas de campana y chocar directamente contra un pino. Aún siento un escalofrío al recordar lo que vi cuando por fin pude abrir los ojos: tu hermosa cara llena de sangre e hinchada por el golpe. Un grito desgarrador escapó de mi garganta, acabando con el silencio de la noche. 
El terror vuelve a apoderarse de mi cuerpo y más aún cuando veo aparecer a tu enfermera. Está seria, con el mismo gesto de preocupación con el que entró minutos antes a tu habitación. No consigo descifrar nada, ni bueno ni malo. El silencio se hace incómodo y decido romperlo para preguntar por tu estado. Mi corazón amenaza con salir de mi pecho y el malestar de mi estómago se hace más notable.  
La enfermera se da cuenta de mi estado nervioso y me pide que me tranquilice. Tengo que ser fuerte para entrar en tu dormitorio y solo si controlo los nervios me permitirán pasar. Respiro hondo y me seco las lágrimas con mis temblorosos dedos. La enfermera me acompaña hasta el umbral de la puerta y me deja sola, para que me enfrente a la nueva realidad que me espera a partir de ahora. 
Temerosa, abro la puerta y entro despacio. ¡Mis pies se clavan en el suelo cuando te veo! No sé qué decir, no sé qué hacer, no sé cómo actuar. Cierro los ojos y los vuelvo a abrir. Quiero comprobar que es cierto lo que estoy viendo. Las lágrimas resbalan por mis mejillas con el mismo torrente que un río a punto de desbordarse.  
¡Mi amor, acércate! —Tu voz es casi imperceptible. 
Tus palabras me demuestran que no es un sueño. Sigues vivo y por fin has despertado de esta maldita pesadilla que se ha prolongado por un mes. Tu débil voz me hace despertar contigo. Corro a tu encuentro y me refugio en tus brazos. Pero ahora eres tú quien me abraza casi sin fuerzas, pero eso es más que suficiente para hacerme sentir protegida. 
¡Tú amor me ha devuelto la vida! me susurras en un hilo de voz mientras besas mi dorada cabeza. 
¿Has sentido lo que ha pasado...? No puedo decir nada más, mi voz se rompe en un sollozo incontrolable. 
No lo he sentido, lo he vivido contigo. Te amo, mi pequeña mariposa. 
Escuchar el apelativo que siempre usas conmigo me hace la más feliz del mundo. Yo no digo nada, no hace falta. Acerco mis labios a los tuyos y nos besamos con desesperación y necesidad. Eso es más que suficiente para demostrarte todos y cada uno de mis sentimientos. 
Estás vivo y por fin despierto. La vida nos vuelve a dar una nueva oportunidad. Hemos vuelto a nacer y yo lo celebro dándote un banquete de caricias y mimos.  
Porque a partir de hoy, ya nunca volverás a ser... 
Mi bello durmiente.